“Matapanki”: cuando un punk de Quilicura se toma el brebaje más subversivo del cine chileno
Hay películas que se miran. Y hay películas que se sienten como un codazo en el estómago mientras suena punk en la villa. Matapanki, la ópera prima de Diego “Mapache” Fuentes, es de esas segundas. Y vaya que le ha ido bien: tras su paso por el Festival Internacional de Cine de Berlín, el largometraje llegó a las salas chilenas en marzo de 2026 con una propuesta tan inclasificable como urgente.
La premisa es sencilla y delirante: Ricardo (Ramón Gálvez), un joven punk de Quilicura, encuentra una botella misteriosa en una tocata. Al beberla, adquiere superpoderes cada vez que consume alcohol. Lo que comienza como una ventaja callejera (golpear a carabineros abusivos, arrancarle un brazo a un ladrón sin querer) pronto escala hasta revelar una conspiración del presidente de Estados Unidos para desestabilizar Chile. El final, por supuesto, no puede ser otro que una pelea a lo kaiju gigante frente a La Moneda.
La crítica nacional e internacional ha recibido la película con fascinación y desconcierto, pero nunca con indiferencia. Culturizarte la definió como “un artefacto que no quiere pedir permiso”, destacando su espíritu artesanal: formato 4:3, cámara en mano, maquetas, rotoscopía y un blanco y negro intervenido con destellos de color que parecen sacados de una fotocopia intervenida por un adolescente inspirado. Por su parte, Revista Primer Plano puso el dedo en la llaga al notar la tensión entre “seriedad y broma” que recorre el metraje, preguntándose si el filme logra articular su crítica antifascista, antipolicial y antiimperialista sin que el formato cómico la diluya.
Y es que Matapanki no aspira a la perfección técnica ni al equilibrio narrativo. Su fuerza está en la convicción. En la energía de un equipo que parece haber hecho la película con la misma lógica del brebaje mágico: mezclando lo que había en la alacena y esperando que la poción funcione. Y funciona, precisamente, porque no se parece a nada de lo que se estrena en Chile. Es cine de superhéroes hecho con parches y rabia, comedia negra que le hace cosquillas al dragón del intervencionismo gringo, y una carta de amor a la amistad, la memoria y las abuelas que se fuman un pucho con los pendejos.
Si te gusta el cine que se atreve, que se ríe de sí mismo mientras denuncia, y que entiende que lo punk no es solo una estética sino una forma de existir, Matapanki es para vos. No es una película para todos. Pero los que entren en su lógica, saldrán con ganas de romper algo (y de tomarse un trago).