“La misteriosa mirada del flamenco”: el desierto chileno se viste de brillo y denuncia en la arena internacional
Hay ciertas películas que no solo cuentan una historia, sino que parecen brotar de la tierra que las vio nacer. La misteriosa mirada del flamenco, la ópera prima del joven director chileno Diego Céspedes (29 años), es una de ellas. Ambientada en un pueblo minero del norte durante los años 80, la cinta sigue a Lidia (la notable Tamara Cortés), una niña de once años criada por Flamenco (Matías Catalán), una mujer trans que lidera una comunidad de disidencias sexuales en medio de la aridez del desierto. Cuando una misteriosa enfermedad (una metáfora clara del VIH) comienza a atribuirse a la “mirada” de estas mujeres, el pueblo se transforma en un polvorín de prejuicios, violencia y deseos reprimidos.
Desde su estreno, el filme no ha pasado desapercibido. La revista Variety destacó su capacidad para “enfrentar la intolerancia con venganza y compasión”, alabando la manera en que Céspedes combina el humor, el absurdo y la tragedia sin caer en el didactismo. Por su parte, Rolling Stone en Español la definió como “una fábula queer sobre amor, miedo y comunidad”, subrayando la potencia visual de la fotografía de Angello Faccini y la sensibilidad con que se retratan los vínculos maternales y afectivos entre las protagonistas. El sitio especializado Culturizarte, en tanto, puso el foco en la construcción del desierto como “protagonista fundamental”, un espacio hostil pero también místico que refleja la soledad y la resistencia de quienes habitan sus márgenes.
Lo que más ha sorprendido a la crítica internacional es la madurez de un director tan joven para abordar temas complejos como la estigmatización del VIH, la transfobia y la construcción de familias elegidas, todo envuelto en un tono que va del western crepuscular al realismo mágico. La actuación de Matías Catalán como Flamenco ha sido descrita como “dolorosamente dulce”, mientras que el elenco coral de mujeres trans y disidencias ha sido celebrado por su autenticidad y entrega.
La misteriosa mirada del flamenco es, en definitiva, un motivo de orgullo para el cine chileno. Una película que no solo pone en el mapa a una nueva voz directoral prometedora, sino que demuestra que en el desierto también florecen las historias más urgentes, luminosas y necesarias. Si no la viste, ya estás tardando.