Con Spoilers

Sirât: el puente entre el techno y el abismo (sin red de seguridad)

ignac.arriagada 23 May, 2026 2 MIN DE LECTURA

Oliver Laxe no hace concesiones. Sirât (que significa “camino” en árabe, pero también el puente que separa el paraíso del infierno) es una experiencia sensorial pura. Visualmente es un portento: la luz del desierto de Marruecos abrasa la pantalla, las tomas son largas y contemplativas, y la cámara de Mauro Herce parece flotar entre los ravers drogados que bailan al ritmo de Kangding Ray. Luis (Sergi López) llega a la rave buscando a su hija Mar, perdida semanas atrás. No la encuentra, pero acaba uniéndose a un grupo de supervivientes (Bigui, Jade y Steff) que escapan de la zona en una caravana. Lo que sigue es una road movie de supervivencia que se desliza lentamente hacia la demencia.

El spoiler no es que el viaje vaya mal. El spoiler es que Laxe convierte la búsqueda de Mar en una excusa para hablar de cómo miramos el mundo cuando ya no tenemos esperanza. El perro del grupo se come accidentalmente LSD. La tensión entre los personajes se pudre. Y cuando por fin alcanzan una zona remota, la tragedia explota de forma tan repentina que parece una broma: Mar no solo está muerta, sino que Luis tuvo que matarla él mismo durante un ataque de pánico, y lo había reprimido. La revelación del asesinato involuntario de su propia hija es el momento más desgarrador del cine reciente.

Pero Laxe no te da tiempo para llorar. Justo después del cataclismo emocional, estalla el caos: bombas, polvo y confusión. El director nos ha metido en un túnel de desesperación para soltarnos justo al final. Sirât es criptica, pero es honesta: la desesperación no tiene una salida fácil. Por mucho que busques respuestas en el fondo de una botella o al ritmo de la música tecno, la vida es dura y a veces los finales felices no existen.