Aniversario

‘Rogue One’ a 10 años: el día que la guerra de las galaxias se volvió sucia y mortal

ignac.arriagada 20 May, 2026 2 MIN DE LECTURA

Diez años después, Rogue One sigue siendo la rareza dentro del monstruo Disney Star Wars. La que se atrevió a matar a todos sus personajes. La que mostró una rebelde con pasado criminal (Felicity Jones) y un espía que reconocía haber asesinado a un informante porque “era necesario”. La que entendió que, antes de los hologramas bonitos y las medallas ceremoniosas, la Alianza Rebelde era un desastre logístico lleno de tipos dudosos que ni siquiera se fiaban los unos de los otros.

No hay crawl inicial. No hay fanfarria de John Williams. La película arranca con un padre que entrega a su hija para salvarla y un científico que sabotea el arma más letal de la galaxia desde dentro. Ese tono de thriller de guerra, más Black Hawk Down que Una nueva esperanza, fue lo que la hizo incómoda y gloriosa a la vez. El tercer acto en Scarif es, probablemente, lo mejor que ha hecho Disney con la franquicia: X-wings atacando sobre el mar, stormtroopers ensangrentados en la arena, y un puñado de desgraciados pasándose un plano técnico como si fuera el Santo Grial.

Luego está el pasillo. Ese que los fans llevan una década describiendo como si fuera un videoclip de terror. La respiración. El sable rojo encendiéndose en la oscuridad. Darth Vader, no como villano de opereta, sino como fuerza imparable de la naturaleza. La película entera parece construida para llegar a ese momento: entender que la esperanza que roban esos rebeldes anónimos tiene un costo de sangre que no veremos en pantalla hasta que la respiración se apaga y la corbeta escapa. Es puro cine fan service, sí, pero hecho con la inteligencia de saber que el público lo merecía.

A diez años de su estreno, Rogue One sigue siendo la película que la saga necesitaba: la que nos recordó que la galaxia no solo está gobernada por elegidos y familias reales, sino por gente común que decide quedarse en una playa mientras el mundo explota. Chirrut Îmwe repite su mantra (“Estoy con la Fuerza, y la Fuerza está conmigo”) mientras las olas lo cubren. Y nosotros, desde la butaca, entendemos que esa fe cuesta. Feliz década, rebeldes. Sin ustedes, no hay esperanza.