Con Spoilers

Nouvelle Vague: Linklater se arrodilla ante Dios (y no es exactamente Godard)

ignac.arriagada 23 May, 2026 3 MIN DE LECTURA

Richard Linklater ha hecho una película sobre cineastas, pero ha terminado por hacer una película de cineasta. Nouvelle Vague no es un biopic al uso. Es una recreación del rodaje de Sin aliento (1960) que se pasa de lista, pero de una lista que solo un cinéfilo de pro puede comprender. Narrada en glorioso blanco y negro, la cinta sigue los pasos de Jean-Luc Godard (Guillaume Marbeck) mientras rueda su ópera prima de forma caótica, sin guion escrito la mayoría de los días y con un equipo que no sabe muy bien qué están haciendo.

El problema —o el acierto, según se mire— es que Linklater se rinde ante la leyenda. Su Godard es un pedante que habla con epigramas y se pasa el día con las gafas de sol puestas, soltando frases lapidarias sobre el cine mientras los actores lo miran sin saber muy bien qué hacer. Pero el verdadero centro de la película no es Godard, sino François Truffaut. El guion de Sin aliento es suyo, y Linklater no para de recordárnoslo. Cada plano, cada escena, es una reverencia a la figura del amigo que escribió el andamio sobre el que Godard levantó su mito.

El hallazgo formal es el más puro Linklater: la pantalla en formato 4:3, las marcas de cambio de carrete en las esquinas y una fotografía que imita la textura granulada del celuloide de la época. Pero, y este es el gran spoiler que nadie cuenta, Linklater no es Godard. Así que evita los jump cuts y opta por un tempo más tranquilo, más americano. Es cine dentro del cine, pero con la ternura de alguien que ama el material, no con la rabia de quien lo quiere dinamitar. El Godard real habría destrozado esta película, pero Linklater, en su humildad, ni siquiera lo intenta.

Los actores son un descubrimiento. Zoey Deutch es una revelación como Jean Seberg, capturando la fragilidad y el carisma de la actriz. Marbeck compone un Godard creíble. Pero lo que sorprende es la aparición de todos los nombres del Cahiers du Cinéma, desde Rohmer hasta Rivette, retratados casi como si fueran superhéroes del celuloide. Nouvelle Vague es una carta de amor, no un análisis. Es el sueño de un cinéfilo hecho celuloide, que quizá peque de complaciente, pero que deja con una sonrisa tonta en la cara.